En la entomología, las colecciones de referencia son un tesoro de información y de historia. Frecuentemente, son el único recurso del científico para ampliar su conocimiento sobre la frágil biodiversidad en nuestra Isla, especialmente cuando observamos en las pequeñas pieles insectiles sus expresiones de belleza, y de hermosa variedad de formas y colores. Es un triunfo personal cuando mediante su estudio logramos determinar la existencia de una nueva especie, o de constatar la identidad de una plaga que amenaza nuestra agricultura o nuestra salud.
No perdamos de perspectiva que cada espécimen que allí se halla representa los esfuerzos combinados de muchas personas, tales como: Coleccionistas, taxónomos, curadores, administradores, voluntarios y estudiantes. Recuerdo una conversación que sostuve con mi amiga Natalia Vandenberg del Museo Smithsoniano que me decía que el abrir una gaveta del museo se asemeja el abrir una carta, dirigida a cada uno nosotros, desde el pasado. Allí, entre las tablas y el cristal, entre aromas de naftaleno, nos hablan colegas del pasado sobre el mundo natural que les rodeó, del amor que tuvieron a su oficio, y de los sacrificios y victorias de sus intelectos. Nos hablan de una fecha del antaño y del sitio histórico de su colección. Nos hablan de un criterio de identificación, de un juicio del entendimiento, y de un esfuerzo de preservar para otros un pedacito de nuestra historia natural. Nos dicen quien trabajó laboriosamente en éste o aquel grupo de insectos. Nos hablan de las obras de Bartlett, de Danforth, de Darlington, de Franqui, de Fox, de Maldonado, de Mari, de Martorell, de Medina, de Oakley, de Pantoja, de Ramos (padre e hijo), de Seín, de Van Dine, de Virkki y de Wolcott. Nos hablan con igual claridad, pero de una manera silente, de sus periodos de gran actividad taxonómica e intelectual, y también nos hablan, con alguna tristeza, de sus vacíos de intensidad o de atención.
Hoy contamos con por lo menos dos buenas colecciones de referencia en nuestras instituciones universitarias públicas. La más antigua y grande de las cuales se halla en el Museo de Entomología y Biodiversidad Tropical en la Estación Experimental Agrícola de Rio Piedras. Esta está dirigida hábilmente por la Dra. Rosa A. Franqui y curada por el distinguido colega Dr. Silverio Medina-Gaud, ambos del Colegio de Ciencias Agrícolas. En el Recinto de Mayagüez se halla la Colección de Invertebrados de Puerto Rico que cuenta con el más extenso inventario de insectos del área oeste, y que incluye la importante colección José A. Ramos. Esta Colección de Invertebrados la dirige industriosamente el Dr. Nico Franz del Departamento de Biología del RUM.
Les exhorto a que visiten estas colecciones y que conozcan allí lo que nuestros antecesores en la entomología nos legaron. Además, les invito a ir más allá, bien sea donando su tiempo como voluntario, o mediante su aportación económica a estos dos museos (ver contactos en la segunda columna). Comuníquense con la Dra. Franqui y con el Dr. Franz, ofrezcan de si, dialoguen sobre como ayudar a preservar estos tesoros de historia y de ciencia. Cierro invitándoles de todo corazón a que contribuyan generosamente al legado que estas colecciones representan para las futuras generaciones de entomólogos.
Cordialmente,
Alejandro E. Segarra Carmona
Presidente Interino.



1 comentario:
Gracias, Alex! Adjunto 2 enlaces relevantes:
http://academic.uprm.edu/~franz/
http://uprm-invcol-project.tumblr.com/
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